Mariclara
El gran desafío fue el terreno: se ubicaba justo en el encuentro de dos quebradas chicas, sin plataformas naturales, y una duna bloqueaba la vista al mar. El proyecto se resuelve emplazando la casa en el punto más alto del terreno y elevándola sobre el nivel natural para despejar esa vista. La planta se organiza en tres volúmenes bajo una misma cubierta volada en estructura de fierro: dos cuerpos bajos para los dormitorios en los extremos, y un volumen central —living, comedor y cocina— abierto hacia el mar y protegido del viento predominante. La casa está revestida en madera negra y zinc, pensados para resistir el ambiente costero con poca mantención. La fachada del living-comedor es completamente acristalada, de piso a cielo y perfilería negra, abierta hacia el poniente. Por dentro, el cielo es de pino claro con la estructura a la vista, el piso es de madera, y una chimenea de inserción organiza el living. La terraza, también de madera, mira directo al mar y a la cadena de cerros que enmarca el valle.
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